
SINOPSIS:
Llegaron a una cárcel ficticia buscando una forma rápida de ganar dinero fácil. Ahora sólo buscan la manera de sobrevivir. Todo empezó como un experimento científico protagonizado durante dos semanas por veinte hombres que cobrarían por su colaboración 4.000 marcos. El proyecto consistía en estudiar el comportamiento agresivo en un ambiente carcelario simulado. A los participantes se les asigna el papel de guardianes (ocho) o prisioneros (doce). Los prisioneros deben obedecer las órdenes, y los guardias deben mantener el orden. Pero dar a un hombre un poco de poder puede tener consecuencias insospechadas...
Con una sinopsis así poco hay que añadir. Su director, Oliver Hirschbiegel, quiso llevar a la pantalla un experimento real que fue llevado a cabo en 1971 por un equipo de investigadores liderado por Philip Zimbardo de la Universidad Stanford. Se reclutaron voluntarios que desempeñarían los roles de guardias y prisioneros en una prisión ficticia.

La película cuenta con actores alemanes y dan un toque frío y distante al cine habitual que acostumbramos a ver. Y es que hay cine que sólo puede llevarse a cabo por la mano de un europeo que nos aleje del trilladísimo look pasteloso con el que nos aburre día a día Hollywood.
Los actores se muestran naturales, evolucionando sus personajes en poco tiempo de manera muy creíble. El actor protagonista, Moritz Bleibtreu, un actor que ya hemos podido ver en diferentes trabajos, incluso en superproducciones como “Guerra Mundial Z” (2013), dota al film de una tensión ideal, pues él se encarga de dar vida a un investigador que se introduce en el experimento, “armado” con unas gafas de pasta provistas de una cámara espía. Por lo que el film contiene pequeños porcentajes de dicha cámara para dar un valor más cercano y documental a la cinta.
El guión está ligeramente alterado, y aunque la cosa acaba como el Rosario de la Aurora, en la realidad no se llegaron a semejantes barbaridades, aunque quién sabe si esto hubiera acabado así si no lo frenan a las pocas semanas.

En el film encontramos escenas de violencia realizada con mucho cuidado. Sin olvidarnos de que quienes están encerrados, son personas normales con profesiones normales. Tal vez sea esto lo que más espeluznante nos resulte. Ver la violencia de quienes no la practican…
Este trabajo bien dirigido, comedido y siempre ligado a la realidad, sin superhéroe ni tipo duro que haga honor a las películas de cárceles más clásicas; es un trabajo digno de presentar en institutos y universidades. Pues el experimento es compatible con prácticamente todo ser humano que se precie… demuestra el alto grado de prepotencia y soberbia que podemos llegar a generar en una situación como ésta.
En 2010 se hizo un remake americano dirigido por Paul Scheuring, que sinceramente no he visto, ni tengo ninguna necesidad de ver. Si a alguien le interesa comentar qué tal es, aquí le invitamos a hacerlo.
Por Isaac Berrokal
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