
Spielberg es un mago del cine en familia y sabe transmitir muy bien sentimientos de todo tipo. Pero hay algo en “War Horse” (2011) que le hizo patinar en cuanto a crítica y éxito. Lo cierto es que la novela de Michael Morpurgo se ha representado infinidad de veces en teatro, y es justo aquí donde la Steven la vio y decidió llevarla grande.
Hay muchos puntos a debatir en este film, por ejemplo la iluminación, viéndola de nuevo esta vez en Blu Ray, los focos cantan a la legua, se ve una fotografía artificial sobre todo en los planos del principio, en el campo, donde la luz no termina de ser natural… Janusz Kaminski, el director de foto, no se ha lucido en naturalidad para este film, pues escenas finales donde la puesta de Sol ilumina de naranja nuclear la pantalla, se hacen de nuevo demasiado artificial y rebuscado… la lágrima se corta ante tanta saturación, y no consigue resolver esa escena final lacrimógena.

Por otro lado existe un problemilla que ni el propio Tarantino podrá creer después de decir en unas declaraciones de hace años lo siguiente: “Spielberg si volviera a hacer La Lista de Schindler, contaría con actores alemanes y no americanos… pues no, parece que la idea de que un norte americano lea subtítulos es del todo inconcebible. A quienes nos gusta ver las pelis en versión original se nos hace un poco rarito ver a alemanes hablar ingles, y por si fuera poco, meter una escena (la del caballo enredado en alambre de espino) donde un inglés habla con un alemán en inglés, y hacen referencia a que el alemán habla bien inglés… ¡pero si todos hablan inglés como si fuera su lengua materna, por Dios!
Una absurdez que no consigo comprender a día de hoy, donde el cine americano se ha europeizado para bien, este es punto muy muy negativo en este film.

Por otra parte el caballo no muestra ningún apego hacia el dueño, se nota que está adiestrado, no hay alma en esa relación, los gestos del caballo cantan a que son indicaciones de su adiestrador… por ello la película no consigue conectar con el espectador. Hay algo que falla y se trata de ese lazo inexistente entre caballo y chaval, tal vez la ruina de todo. Ni siquiera hay escenas donde se merezca este reconocimiento al principio. El caballo va de aquí para allá como pollo sin cabeza, y en ningún momento es creíble su “actuación”.
La banda sonora no consigue amenizar tanta desconexión a pesar de ser muy correcta y en el estilo de su director, por lo tanto nos quedamos con un he querido y no he podido bastante inusual en Steven Spielberg.
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