
¿Habéis oído hablar del cine “Dogma”? Se trata de un cine ingeniado por los daneses Lars Von Trier y Thomas Vinterberg, en 1995. Una serie de reglas a seguir para lograr un cine plenamente puro, sin añadidos… Las reglas de este formato son las siguientes:
- Los rodajes tienen que llevarse a cabo en locaciones reales. No se puede decorar ni crear un "set". Si un artículo u objeto es necesario para el desarrollo de la historia, se debe buscar una locación donde estén los objetos necesarios.
- El sonido no puede ser mezclado separadamente de las imágenes o viceversa (la música no debe ser usada, a menos que ésta sea grabada en el mismo lugar donde la escena está siendo rodada).
- Se rodará cámara en mano. Cualquier movimiento o inmovilidad debido a la mano está permitido. (La película no debe tener lugar donde esté la cámara, el rodaje debe tener lugar donde la película tiene lugar).
- La película tiene que ser en color. Luz especial o artificial no está permitida (si la luz no alcanza para rodar una determinada escena, ésta debe ser eliminada o, en rigor, se le puede enchufar un foco simple a la cámara).
- Se prohíben los efectos ópticos y los filtros.
- La película no puede tener una acción o desarrollo superficial (no pueden mostrarse armas ni pueden ocurrir crímenes en la historia).
- Se prohíbe la alienación temporal o espacial. (Esto es para corroborar que la película tiene lugar aquí y ahora).
- No se aceptan películas de género.
- El formato de la película debe ser el Académico de 35mm (1:1.85)
- El director no debe aparecer en los títulos de crédito.

Puede parecer un juego, algo sencillo, pero si alguna vez has filmado cine (largos o cortos, da igual), sabrás que no es tarea fácil aplicar estas reglas, y que la cosa salga bien.
Si queréis ver una demostración de esto, y encima aplaudir el resultado, tenéis la película de 1998 “Celebración” (Festen), donde Thomas Vinterberg & Mogens Rukov se marcan un guión maravilloso, repleto de personajes dramáticos a cada cual más interesante.
Thomas Vinterberg es uno de los inventores de este cine tan peculiar, así que le tocó apechugar y demostrar que esto era posible con un buen resultado. Y lo logró, vaya que si lo logró.
“Celebración” acata las 10 reglas del Dogma 95, y consigue incrementar el interés por el guión, acercando al espectador un metraje de 105 minutos muy intenso.
Sinopsis:
Los Klingenfeldt, una familia de la alta burguesía danesa, se disponen a celebrar el sesenta cumpleaños del patriarca, un hombre de trayectoria y reputación intachable. Sin embargo, sus tres hijos, aunque muy diferentes entre sí, están dispuestos a aprovechar la ocasión para sacar a relucir los trapos sucios de la familia.

La gente que no conozca esta cinta, habrá visto sin embargo, cortometrajes que ganaron mucho premios copiando descaradamente el argumento de esta historia aprovechando el desconocimiento de jurados y espectadores. Más concretamente aislando la escena donde a la hora de brindar, uno de los hijos anuncia que su padre era un pedófilo empedernido que abusó de él y de sus hermanos, cuando éstos eran unos niños.
La película tiene varias tramas, no sólo se basa en ese concepto. Todos los personajes que acuden a dicha celebración están plagados de problemas, adicciones y manías… Con un reparto de siete protagonistas, y un sin fin de actores secundarios, la historia da para muchos líos y en revesar las tramas.
Recuerda mucho a las típicas comedias inglesas, pero de comedia sólo tiene un ápice que el director ha otorgado para destensar un poco… porque con semejantes dramas es imposible terciarlo a risas.

Lo interesante de este film es que es cine Dogma, y te olvidas de él inmediatamente. Von Trier es un director con un estilo muy peculiar, y aunque sea propulsor de este “juego”, no es dado a realizarlo. Parte de esas normas forman parte de su peculiar estilo, pero no lleva a cabo el juego completo. Tal vez sea sólo una forma de querer demostrar que el ingenio está por delante de los efectos y la postproducción en general. Sea como fuere, la idea es divertida, un reto para cualquier director… eso sí, un reto que a nadie importa.
Por Isaac Berrokal
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