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martes, 13 de octubre de 2015

CINE DE ACCIÓN DE LOS 90 (entrañables clichés)

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Todos recordamos los 90 con buen rollo, con un aire guasón y colorido… una década que, en lo que a cine se refiere, fue muy marcada por los clichés que Hollywood se empeñó en crear.

Porque lo que estaba claro en los 90, es que los protagonistas debían ser masculinos, y no sólo eso, sino cachitas, más bien jóvenes y sobre todo guapos. El superhéroe de los 80 mazado y con cara de resolver todo a hostias estaba en declive.

Es curioso, pero en las películas de esta época sólo se veían mujeres protagonizando historias si se trataba de comedia, o comedia-romántica… y encima en pocas ocasiones, el protagonismo era casi en su totalidad para figuras masculinas.

Los machos que protagonizaban los films, terminaban con mujeres de bandera, guapas, con grandes pechos y rubias de ojos azules, a poder ser… era el estandarte que se seguía.

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Los clichés de la época eran claros, pero también había cosas que no podían faltar en ciertos films de acción, era muy importante que hubiera escenas donde:

  1. En protagonista cruzase en plena persecución o huida, una calle repleta de coches que debían frenar en seco, rozándole o tirándole al suelo.


  1. Aunque saltase de un puente a un barco, recibiese disparos en extremidades, o fuese atropellado por un vehículo, nuestro protagonista no notaría ni una bajada de tensión, ni la pérdida de sangre afectaría a su físico… y sobre todo era importante que a los tres minutos de haber ocurrido esto, nos olvidásemos por completo de dichas heridas.


  1. Era fundamental que no sudase… mantuviera el peinado limpio y debidamente peinado, y si caía al agua, al salir, el pelo debía estar medio seco.. digamos que rollo “efecto mojado”, pero sin chorrear una gota de agua, eso era muy vulgar.


  1. También debía ser inmune al cansancio. Por ejemplo en “Speed” (1994), Keanu Reeves sufre un percance cuando se encontraba bajo el autobús intentando desactivar una bomba. El carro se rompe y tiene que subir a pulso enganchándose a los bajos del autobús hasta subir por la trampilla interior… Bien, cuando consigue esto, su expresión es como la del que acaba de terminar un libro y piensa por unos segundos en su final. Ni un ápice de aliento, ni una gota de sudor, nada… un T1000, sin duda alguna.


  1. Algo que venía en el manual del buen productor americano, era que en todo film debía haber una persecución de coches que pasara por un mercadillo callejero repleto de fruta (a ser posible en Chinatown) para ser arrollado por los coches, con un chino quejándose de forma cómica para echarnos unas risas a costa del pobre desgraciado.


  1. Al finalizar la peli el protagonista con su nueva novia, debían acabar sentados en la parte de atrás de una ambulancia cubiertos con una mantita. Todo esto previo a un maravilloso beso “The End”.

Bueno, y referente a las chicas… era sencillo, durante la película iban mostrando chicas un tanto vulgares, hasta que de pronto aparecía una chica despampanante, entonces sabías que terminarían juntos, y por supuesto existiría un beso que sellaría el “happy end” del desastre que estuvieran pasando.

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Daba igual de que tratase la historia, los productores de Hollywood consideraban que la vida era ya de por sí un drama, como para ofrecer más aun en sus producciones.

En los 90 era esencial sonreír, todos los protagonistas de las pelis de acción sonreían incluso en las situaciones más complicadas... y no sólo eso, sino que tenían que tener en la recámara una buena frase para dar la puntilla cómica y chulesca a lo que estaba ocurriendo.

También había un cliché para los personajes negros. Los negros eran por lo general salidos de barrios conflictivos de New York, y eran muy cachondos… siempre sonreían mostrando su reluciente dentadura, y por supuesto su papel era efímero, o como mucho secundario. En los 90 un negro no podía llevar la voz cantante del film, eso era un insulto para el pueblo americano (la cosa se fue normalizando al final de la década). Y si hablamos de cine de terror la cosa estaba clara, nuestro negro cachondo que nos ha hecho reír durante 30 minutos de metraje, debía morir de la forma más horrenda, cruel, e indigna posible.

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También era importante que todas las películas se rodasen en New York, no había credibilidad en la historia si no veíamos taxis amarillos por las calles. Si algún director se atrevía a filmar algo en un ambiente europeo, era como no estar en casa… en tu ciudad… es más, era como no estar en el planeta tierra, los espectadores americanos se echaban las manos a la cabeza y exclamaban “¡no hemos venido a ver ciencia ficción!”

La actitud de los protagonistas de las pelis de acción de los 90 era un tanto extraña. Podían expresar ternura, afinidad, compasión y un gran lazo de amistad con el co-protagonista, pero en cuanto éste moría en horribles condiciones, no pasaban ni dos minutos, que ya ni se acordaban de él… seguían haciendo su vida como al que se le muere el hámster.

El cine noventero nos ha dado muchas alegrías y grandes películas, que duda cabe. Pero si las vemos a día de hoy, no puedes hacerlo sin tener en mente la frasecilla: “eran los noventa”, para justificar tanta incoherencia y despiporre.

Pero bueno… eran los 90.

Por Isaac Berrokal

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