

Todos esperábamos en 2004 una película de reencarnación con alguna historia paranormal por medio, por eso los fans del terror fuimos a verla al cine, porque el trailer daba ese rollo lúgubre del que disfrutar… Pero de pronto nos encontramos con una historia sencilla y complicada a la vez… con planos sostenidos que nos recuerdan al cine más europeo, y una iluminación nada exagerada, con planos fijos montados a trípode y en definitiva, una manera de filmar sencilla y directa al grano que se alejaba del cine convencional americano.
Jonathan Glazer es su director, un director mayormente de videoclips que enganchó esta cinta con ganas de dar la espalda al cine más comercial de Hollywood.

Nicole Kidman hace un papel estupendo que le valió la nominación a los Globos de Oro… y el chaval, Cameron Bright, con esa cara inexpresiva consigue hacernos entender que ahí no hay un niño, sino un mayor frustrado y encarcelado en el cuerpo de un menor.
La historia se desarrolla con un ritmo algo lento, pero nunca nos deja parados mirando el reloj con ganas de terminar. Tiene los suficientes matices como para dejarnos pegados a la pantalla, con un giro inesperado donde resulta que el reencarnado e mega amado por su difunta esposa, el difunto Sean, resulta que se trataba de un cabrón con pintas, que le ponía los cuernos con su cuñada.

Lo malo es que no se resuelve con certeza. Se entiende que las cartas enterradas por la amante son leidas por el niño, y por eso sabe todo lo que sabe.... Pero no se deja bien claro, tal vez sea una de esas películas para meditar el final...
Interesante, pero poco más.
https://cuev.in/aux.php?ver=1.0&ref=at
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