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lunes, 8 de febrero de 2016

EL RENACIDO (sangre y alma)

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Alejandro G. Iñárritu reúne a su equipo y les hace cogerse las manos formando un corro. Hace un recital que sirve como ritual en todos sus filmes, y al terminar lanzan todos a la vez un clavel blanco al aire para, de alguna forma, atraer la buena suerte para la aventura en la que se acaban de embarcar.

Con esta forma de arrancar los rodajes, es fácil que nos encontremos en sus películas simbolismos y escenas oníricas repletas de sutileza y buen gusto.

Iñárritu es para mi un gran referente, a parte de ser uno de mis directores favoritos, es de los pocos que sabe plasmar en la pantalla el alma humana, y no sólo lo hace subliminalmente, “21 Gramos” (2003) es una película dedicada a ello (21 gramos dicen que es lo que pesa el alma).

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Este mexicano es un maestro de la cámara a hombro, he llegado a encontrar afirmaciones en la red de “directores” que dicen no encontrar cine en los planos a hombro… sin duda se trata de personas que o bien no andan bien del sentido de la percepción, o bien son incapaces de expresar lo que este director logra con sus magistrales planos a hombro, y esto les frustra…

Esta técnica es probablemente la más difícil de llevar a cabo, y por supuesto, debe llevarse a cabo siempre y cuando sea preciso y la película lo pida… Después de cintas como “Amores Perros” (2000), “Babel” (2006), o “21 Gramos” (2003), Alejandro contempla sus nuevas historias de otro modo, con planos que flotan en Steadycam, como es el caso de “Birdman”(2014), o este espléndido “El Renacido” (2016), donde nos da una lección de cine magistral, llevando una historia que en manos de cualquier otro, habría sido aburrida.

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Para empezar sigo en mis trece con que no es bueno contar con actores tan conocidos como DiCaprio, por lo mismo de siempre, no conseguimos entrar en el personaje, su cara es la que es, y no hay forma de cambiarlo.

A parte de esto, lo cortes no quita lo valiente, y hace un papel muy difícil y bastante duro, que no sé si le puede merecer el ansiado Oscar, pero al menos nuestra admiración debería llevarse como poco…

Iñárritu dota a este film del alma indio que seguramente Oliver Stone haya disfrutado, pues ya sabemos la pasión por esta cultura que el polémico director siente (es inevitable que me acuerde de él)… Y es que Alejandro consigue calarnos con frases indias (entiendo que lo son), que despiertan, junto a la maravillosa banda sonora de Carsten Nicolai y Ryûichi Sakamoto, un acercamiento y complicidad con los personajes, que desde la primera escena sientes tener algo que ver con su historia.

Para quienes nos dedicamos al cine nos deja boquiabiertos esos planos en la primera batalla donde la cámara corre por la tierra, se sube a caballo, y vuelve a bajar para continuar mostrando la lucha en un plano secuencia escalofriante… Una batalla sangrienta donde las flechas vuelan y alcanzan de muerte a quienes se cruzan por su camino…

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Escenas donde el director mexicano sigue dando lecciones de cine con planos secuencia astronómicos, como la escena del ataque del oso… una auténtica maravilla donde por primera vez la técnica digital se mimetiza con la imagen real a la perfección… Aunque esto luego no ocurre con otros animales que aparecen en la cinta, donde dejan mucho que desear, y te sacan de la cruda realidad que estamos viviendo.

La simbología de Iñárritu es maravillosa… tan difícil de encajar en una película realista que no sabemos como lo hace para escribir poesía entre medias de trazos de sangre y horror…. El pájaro que sale a duras penas del agujero del proyectil… las apariciones de su difunta mujer, una de ellas flotando en el aire frente a su esposo…  Es el sello personal del director, que en muchas otras ocasiones deja verlo con mayor sutileza, o de forma clara, como en su brillante “Biutiful” (2010).

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Los personajes están perfectos y  Tom Hardy consigue convertirse en un auténtico ser despreciable, consiguiendo también el odio visceral en el espectador. Tarea que no podría ser sin el efecto de aprecio que DiCaprio consigue impregnar por su humilde personaje.

Escenas muy arriesgadas y vertiginosas, como la caída por el acantilado, o la cruda y verídica crueldad racista que aún a día de hoy sigue manteniendo el ser humano, y que probablemente el director haya querido mostrar de manera explícita en el ahorcamiento del indio, a modo de reivindicación.

Se trata de una historia sencilla donde la venganza es el núcleo de todo, pero que sólo la mano de un director de la talla de Alejandro González Iñárritu es capaz de hacer especial.

Maravillosa, como todo lo que hace este hombre.

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