
SINOPSIS:
Tomas (Jackie Chan) y David (Yuen Biao) son dos avispados vendedores de comida rápida china, que ofrecen desde su furgoneta en las calles de Barcelona. Su encuentro fortuito con la guapa carterista Silvia (Lola Forner) les pone en contacto con el detective novato Moby (Sammo Hung), quien está intentando encontrarla. Silvia es en realidad la rica heredera de una familia acomodada, secuestrada por un malvado conde que pretende apoderarse de su herencia. El trío deberá poner freno a las ambiciones del conde y rescatar a Silvia...
Jackie Chan y Sammo Hung eran en China lo que Laurel y Hardy en EE.UU. Una pareja, en este caso de artistas marciales, que hacían comedia en sus películas.
Nunca he sentido devoción por el cine chino, pero en mis tiempos de “karateka”, me sentía atraído por las artes marciales, y por casualidad cayó en mis manos esta cinta con un ti
tulo algo ridículo y desfasado en España, pero que terminé viendo.

La cinta se filmó en España, más concretamente en Barcelona, y entre su elenco estaba el genial Pepe Sancho y el boxeador Benny Urquidez, que con su peculiar rostro, era ideal para el malo malísimo de la película.
Como curiosidad diré que Tarantino era un enamorado del cine chino, y más concretamente del de artes marciales (de ahí su tributo con KILL BILL). Pero el humor que gasta Quentin en sus guiones, no es más que un extracto del humor chino, un humor inteligente que también se deja ver en este film de 1984.

El trío compuesto por Yuen Biao, Jackie Chan y Sammo Hung, hacen las delicias de todo enamorado del cine de acción y las artes marciales (y la comedia), con números increíbles sin actores especialistas… con piruetas, acrobacias, y un ejemplo de habilidad, destreza y trabajadísimas virguerías por parte de Sammo Hung (con mucho sobrepeso), que te dejará ojiplático.
El guión es un clásico del género infantil… malos muy malos, héroes estupendos, y una chica guapa a la que rescatar…. Es una peli para disfrutar del circo acrobático que estos tres magníficos nos ofrecen, no esperéis más.
por Isaac Berrokal
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