
Darren Aronofsky se llevó el premio al mejor director por está enfermiza película en Sundance ´98, y es que no es para menos. Cuando la alquilé por primera vez en el videoclub allá por el año 1999, 2000 (no lo recuerdo bien), lo hice simplemente porque el argumento, junto con la fotografía, me atraparon sin más.
SINOPSIS:
Max es un brillante matemático que está a punto de dar con el descubrimiento más importante de su vida: la decodificación del sistema numérico que rige el aparente caos del mercado bursátil. Pero primero ha de encontrar el valor del número PI. Mientras se acerca a la verdad, y afectado periódicamente por unas brutales jaquecas, Max es acosado por una agresiva firma de Wall Street y una secta judía que pretende descifrar los secretos ocultos tras los textos sagrados. Todos ansían apropiarse del inminente hallazgo de Max.

Aronofsky es a día de hoy uno de mis directores favoritos, y no por esta cinta en particular, sino por su estilo, que a pesar de abandonar en algunos films como “La fuente de la vida” (2006), o “Noé” (2014), es muy reconocible en maravillas como “El Luchador” (2008), o “Cisne Negro” (2010), donde su gusto por el grano destacable en el film, y los planos a hombro dando lugar a secuencias realistas y bastante crudas, dejan un sello inconfundible (ojo, sello, que no “propiedad de”… que ya me conozco a algunos lectores del blog y su afán por que hable con propiedad…).
“PI” es su primer largometraje tras cuatro cortos; y con él atrapa la atención del jurado en el Sundance de 1998, donde una foto en B&N perfectamente quemada a cargo de Matthew Libatique, llamaba la atención de por sí. La manera de adentrarnos en la mente alocada y obsesiva de su personaje “,Max”, interpretado maravillosamente por Sean Gullette, nos va llenando de angustia, de paranoia, de sudores fríos… Aronofsky mueve la cámara de un lado a otro con el fin de inquietarnos, y lo logra sobre todo en los momentos de acción, donde cuelga la cámara de la cintura del protagonista enfocando a la cara, y le hace correr por la ciudad como loco.

Los planos angulares, la saturación de los claro/oscuros, y los personajes que acompañan a la historia, son realmente un pieza fundamental para que todo se torne oscuro y atosigante…
Es difícil transmitir como lo hace en esta película, y sobre todo tomar la decisión de elegir planos complicados y muy arriesgados que pueden ser un todo o nada ante un público o un jurado conservador… Está claro que es un film que gusta o disgusta, con momentos donde las matemáticas, la ciencia y la física toman el protagonismo, y que si no eres algo curioso, puede llegar a aburrirte…

Es la 5ª vez que la veo, y debo reconocer que no para de absorberme… como digo, esa fotografía es hipnótica, el ritmo, y sus personajes hacen el resto…
Recomiendo verla en versión original subtitulada, pues el doblaje en este film es de chiste.
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