
Kevin Bacon de nuevo, esta vez más madurito y con un papel donde debía poner a prueba su capacidad dramática dentro de un entorno terrorífico.
SINOPSIS
Tom Witzky (Kevin Bacon) es un hombre normal que vive con su mujer (Kathryn Erbe) y su hijo de 7 años. A pesar de su escepticismo respecto a los fenómenos paranormales, accede a ser hipnotizado durante una fiesta en casa de unos vecinos. A partir de ese momento su vida se ve perturbada por extrañas voces y visiones inexplicables que parecen fragmentos de un rompecabezas que podrían servir para resolver un crimen.

La cinta mantiene la línea del terror más tópico, donde el espíritu del fallecido se aparece con el fin de ser liberado del lugar donde está enterrado, y desvelar cual fue el terrible asesinato que se mantiene sin resolver… muy típico, pero David Koepp adapta muy bien la imagen de la Novela de Richard Matheson, y te hace entrar muy bien en la espiral de locura en la que el protagonista se sumerge, y sumerge también a su mujer.
Podríamos hablar de una película que a priori no apetece ver por su machacado argumento, pero debemos tener en cuenta que su director lo escribe y lo dirige, y de estas cosas suelen salir buenos resultados.

Con momentos estupendos, como Bacon volando en un contrapicado sentado en un sillón por una sala de cine dentro de su hipnosis… O correcta evolución de su personaje, de la cordura a la desesperación, algo que ya demostró hacer muy bien en “Sentencia de Muerte” (2007), a cargo de James Wan.
Es inevitable que la locura de su personaje nos recuerde a la maravillosa “Encuentros en la Tercera Fase” (1977), donde Richard Dreyfuss destroza también su casa en busca de la señal que explique el fenómeno que está viviendo…
Pero la cinta va más allá, y denuncia de algún modo un asesinato que ocurre por desgracia día sí, y día también en distintas partes del mundo. En este caso en la ciudad de Chicago, en un barrio donde no paran de repetir que es decente…

En definitiva una cinta de terror con tintes dramáticos, y una historia que atrapa sin caer en el terror más mundano… con una maravillosa banda sonora de James Newton Howard que engrandece la cinta acentuando las escenas con mayor calidad.
Una bonita forma de despedir la década de los 90.
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