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jueves, 17 de septiembre de 2015

LEÓN: EL PROFESIONAL (de profesión asesino)

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Si hay una película de los 90 que recuerdo con cariño, esa es “León: El profesional”.

Ayer la volví a ver y sigue siendo tan fresca y bella como el primer día. Es una película especial, con unos geniales “Jean Reno”, “Gary Oldman” y una jovencísima “Natalie Portman” en unos papeles memorables.

Es increíble ver esta película de nuevo y descubrir lo bien que ha envejecido, como el material de Besson se afianza en vez de desvirtuarse, en este tipo de films de los 90, con un ritmo más bien pausado, unos personajes excéntricos ( un asesino profesional que no sabe leer y una niña de 13 años marcada por una mala vida… tiene tela ), una trama violenta, etc… lo normal es que al revisitarla años después el film pierda fuerza, que ciertos elementos chirríen y hasta resulten ridículos, pero aquí pasa lo contrario, la historia tiene hoy incluso más fuerza, es pura belleza sacada de una historia muy dramática, como una flor en mitad del asfalto, con unos matices y una sensibilidad sobresalientes, es algo único. La película dedica su tiempo a mostrarnos los instantes íntimos y la relación cotidiana de los personajes y es tan interesante, inocente, real, humorística, cruda y subversiva que te reta, se instala en ti y florece como la planta que cuida León, que es parte de él, de Mathilda y al final, parte de todos, como un alma que trasciende el tiempo.

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Es increíble como un personaje como León, que apenas habla, analfabeto, desgarbado, serio, cala en la historia y dibuja un perfil único. En cierto modo, este personaje tiene su origen en el anime y manga japonés...su actitud y meticulosidad, su aspecto y esas gafas, son típicos elementos de los antihéroes y villanos reflejados de esa cultura. No es el único elemento homenajeado, Mathilda en ciertos momentos de la película, lleva consigo un gran peluche de un conejo y una pistola, es una imagen que relaciona la fragilidad y pérdida de la inocencia con el carácter y es muy típico de las heroínas niponas ( cambiad la pistola por una katana y os vendrán a la cabeza ejemplos ). Y es que realmente, la película es eso, la occidentalización de un tema recurrente en el cine oriental (como buen ejemplo de lo que hablo, podría ser “Mi vecino Totoro” con ciertos cambios y otro tipo de violencia), la marginación y la exaltación de los valores atípicos de una persona.

Ésta fue la película que hizo despegar la carrera de  “Luc Besson” y es desde luego una de las mejores, un clásico imperdurable y maravilloso que debería estar en la videoteca de todo el mundo.

por Adrián Alfaro

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